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La vez que a un hombre también lo mataron a piedras y palazos, en Taganga

Taganga
En 1996 se presentó un caso que, en su momento, despertó la impotencia y el repudio de los samarios. La reciente muerte de un hombre en la Urbanización el Parque hace recordarla.

Nadie sabe cómo va a morir. Y nadie imaginó, ni siquiera en alguno de esos sueños que suelen aparecer como revelaciones anticipadas de grandes sucesos, que el día en que Luis Alberto Peñalver atendía el estadero Son Caribe, instalado en un kiosko de Taganga en el año 96 para celebrar las Fiestas de Nuestra Señora del Rosario, su hermano, Enisberto Peñalver, sería asesinado a pedradas, botellazos y palazos por unos clientes que nunca fueron suyos, pues, decidieron matarlo porque no querían pagar la cuenta.

A primeras horas de ese trágico día, estuvieron en el establecimiento Romeiro Cantillo, Teresa Jiménez, Franklin Tejedor, Alfonso Cantillo Guerra y un sujeto conocido como 'Tayo', acompañado de Lizzet Ivon Díaz Peña, quienes se habían negado a pagar la cuenta y resolvieron entonces agredir a las personas encargadas del lugar.

Dándose cuenta de lo que ocurría, Enisberto Peñalver, único muerto en esta historia, arrendatario del local y propietario de la dotación de Son Caribe, se presentó en el lugar para arreglar el conflicto, pero contó con los muros de la mala fortuna cuando lo recibieron a pedradas, botellazos y palazos.

Buscando un modo de defenderse y disuadir a los violentos, Enisberto desenfundó su revolver que fue disparado accidentalmente en el forcejeo que se presentó. En el incidente resultó herido Alfonso Cantillo Guerra, que posteriormente fue intervenido en un hospital. 

Frankin Tejada, al ver a Alfonso Cantillo herido, disparó contra Enisberto, quien no tuvo otra opción que devolverle los disparos. Cuando Enisberto Peñalver vació todos los proyectiles de su arma, testigos, entre ellos Carlos Julio García Daniels, aprovecharon nuevamente para golpearlo hasta la muerte.

Seguramente Teresa Jimenez pensó que la tragedía tenía que ser aún mayor. Y quizás por ello ordenó a uno de sus hijos a que buscara un galón de gasolina para incendiar Son Caribe. Así lo hizo y las llamas empezaron a arrasar con todo a su paso.

Perdida la batalla y la cuenta para Enisberto y Luis Alberto Peñalver, los responsables del crimen y el incendio fueron llevándose las cosas que el fuego todavía no quemaba. Se llevaron dos amplificadores, un estabilizador, un mezclador de sonido, 200 cassettes, 30 CD, 60 sillas con sus mesas, un sinnúmero de canasteros de cerveza Águila y Polar, una vajilla, un enfriador, pescado, ropa, prendas de uso personal, un radio y 1 millón trescientos mil pesos en efectivo.

Herido de gravedad, Enisberto murió tres días después de ser lapidado. 

Pocas veces la experiencia sirve para algo, porque hay momentos en la vida en que las historias acontecen como imágenes repetidas de una misma escena. 21 años después del fatídico suceso de Taganga, frente a la mirada de curiosos y vecinos del barrio El Parque, un grupo de jóvenes con piedras y puñal decidieron acabar con la vida de Alejandro Viloria cuando éste le reclamó a uno de ellos por haberlo atracado semanas atrás. Los buitres volvieron a volar sobre un muerto lapidado. ¿Casualidad?

Fuente: Seguimiento

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